martes, 11 de noviembre de 2014

10. MARÍA NOEMÍ SARBACH DE EGUREN - "MIMÍ"



10. Mimí Sarbach
     El 27 de octubre de 1928, a los 22 años, Mimí contrae matrimonio con Eduardo Eguren, de 33 años.

    El matrimonio se instala en Rufino, donde Eduardo está a cargo de la sucursal Ford.

    En 1929, el 7 de Agosto nace su primogénita Maura, en 1933, el 14 de Julio, es el nacimiento de Eduardo, luego en 1933 nace Eloy un 14 de Junio y posteriormente el 19 de Mayo de 1940 nace el menor de los hijos, Ezequiel.

   
  Así la recuerda su familia:

    María Noemí, para todos Mimí, era una persona de carácter fuerte, que escondía un corazón benévolo y dispuesto a mantener una sana amistad con su familia y sus muchos amigos.

    Viuda desde joven, supo llevar adelante su casa y sus hijos encontraron en ella el apoyo que necesitaban. Para ella estaban primero los suyos y después lo demás. Me consta porque sin tener una afinidad declarada con Mimí, mi suegra, supe valorar su espíritu emprendedor y sincero.

    Su debilidad eran las plantas, su jardín, al que le dedicaba muchas horas del día. Y cómo me voy a olvidar de su pan dulce, el más rico que he comido, o su torta de hojaldre, entre las muchas cosas ricas que hacía.

    Viví muy cerca de ella, patio por medio, y en sus últimos años la acompañé junto con mi marido, que fue siempre en quien ella se apoyó, haciéndole más llevaderos los días finales.
Dejó una imagen de nunca doblegarse ante la adversidad y de querer a los suyos como lo más preciado que tuvo en su larga vida. Nos dejó a los ochenta y nueve años y su imagen vive entre nosotros.”

hortensias y alegrías del hogar
                 
dalias y espuelas de caballero
    “Para sus nietos era Kika, una persona muy activa que se levantaba antes de que amaneciera, tanto en invierno como en verano, y después de desayunar se ocupaba de algunas tareas domésticas hasta que empezaba aclarar, momento en que empezaba a ocuparse de sus plantas y sus gallinas. Siempre recuerdo como algo mágico, en una canasta junto al calor de la cocina, los huevos donde empezaban a asomar los pollitos que alimentábamos hasta que se encontraban fuertes como para volver al gallinero.


margaritas
azucenas
  
  Su jardín fue su gran pasión y las variedades que cultivaba son innumerables, desde rosales arbustivos y trepadores, hasta cualquier gajito de plantas desconocidas que intercambiaba con amigas, pasando por jazmines de distintos tipos, lirios, hortensias, violetas, achiras, malvones, magnolias, azucenas, calas, amapolas, margaritas, zinnias, dalias, la enamorada del muro que cubría casi todas las paredes externas de su casa, el pino que una Navidad decoramos y después Kika plantó en el jardín y cubrió con una Santa Rita y llego a ser altísimo, plantas sin flor en las galerías, árboles frutales, verduras y hortalizas… Todos los años a fines del invierno y, en ocasiones, a fines del verano, sembraba plantas de flor y también semillas de palo borracho, lapacho, jacaranda… Durante muchísimos años Kika viajó más o menos una vez por mes a una casa que poseía en Rio Ceballos, donde también había profusión de plantas y flores.


    Le gustaban todas las plantas, aunque no le atraían mucho las de flores amarillas, si bien tenía algunas, porque decía que “eran difíciles de combinar con los otros colores”. Lo que no le gustaba para nada era que le cortaran flores, aunque siempre tenía uno o dos ramos de flores frescas en los lugares de la casa donde permanecía habitualmente y, en invierno, ramos de flores secas que también cultivaba y secaba. El riego diario en primavera y verano en las horas del atardecer, e incluso del amanecer, era un placentero ritual ineludible.


    En esa época se decía que el mejor momento para trasplantes era cuando llovía y la recuerdo como si la estuviera viendo hoy, debajo de la lluvia, si era la época adecuada del año para esas tareas, trabajando en el jardín, pese a las sugerencias y recomendaciones de la familia para que se mantuviera en el interior de la casa.
zinnias
    Mi hermana y yo tuvimos con Kika nuestras primeras plantas; cada una tenía sus macetas y se ocupaba de ellas, siempre bajo la guía de Kika; en la actualidad mi hermana dedica todos sus momentos libres a su jardín.


 
lirios










 
Cuando oscurecía se dedicaba a labores manuales que Había aprendido en su infancia: tejido, carpetas y cuellos en frivolité, mantas en telar. El telar tenía su propio cuarto y mi padre, mis hermanas y yo le ayudábamos a enhebrar porque se requerían dos personas para ponerlo en funcionamiento. Además, con Kika y mi otra abuela aprendí a tejer con dos agujas y crochet y ellas se encargaban de disimular mi desprolijidad.

La casa de Kika y la de mis padres se comunicaban por los patios, de modo que mis hermanos y yo estábamos yendo y viniendo continuamente de una a la otra y todas las tardes nos ofrecía torta y bizcochos con dulces, todo cocinado por ella. Es más, casi que era una ofensa que no aceptáramos.

    Si era cerca del mediodía o después del atardecer, podíamos comer panes, particularmente unos rellenos con salchicha, pizza o empanadas de hojaldre. Pese a que no era descendiente de italianos, le gustaban mucho los tallarines caseros, que con mi hermana pasábamos por una máquina, que tenía desde que se había casado, que estiraba la masa y la cortaba.

     Pero su sabor preferido era el dulce y en su despensa siempre había duraznos, higos y zapallo en almíbar, arroz con leche, mermeladas de frutas, torrejas con miel, latas con bizcochos, jarabes, compotas y jugos de frutas, licores caseros, tortas, aunque nunca vi dulce de leche.



    Además, en mi infancia íbamos con mis hermanos y primos a almorzar todos los sábados; el menú habitualmente era pancitos con salchicha, tallarines con estofado de pollo, frutas en compota o en almíbar, torta, jarabes de frutas y caramelos de leche (lo único comprado).


    No le atraía la televisión, le gustaba el cine. Durante muchísimos años fue a ver “cintas”, como decía Kika, por las noches varios días por semana y, cuando ya era muy mayor, los domingos por la tarde. Al día siguiente, yo iba a su casa para que me contara las películas —en esa época daban dos— porque a mí también me gustaba el cine y la mayoría eran “prohibidas para menores”. Cuando pasaban películas “aptas para todo público” y mi hermana y yo éramos muy pequeñas para ir con amigas, Kika nos llevaba.
Jazmín del cielo
     Dejo aquí este recorte de una parte tan importante de mi infancia, adolescencia y primeros años de adultez, aunque tendría que extenderme por la afición de Kika por las caminatas, la lectura (compartida conmigo), su casa, los viajes, los paisajes, los negocios, la familia, su temple de carácter, su fortaleza, su paciencia, su radio y televisor a todo volumen pese a que no era sorda, los cuentos que nos contaba cuando íbamos a dormir a su casa…, pero ¿cómo dar cuenta de lo que fue una persona contando con recursos tan limitados como el lenguaje?”