En el mes
de Agosto de 1927, muere a los 54 años María
Luisa Berraute, la esposa de Anselmo, su novia francesa, casada a los 18 años,
con la que probablemente compartieran las desventuras de los primeros tiempos
de inmigrantes recién llegados, en Casilda.
Este trágico suceso debe haber golpeado
duramente a Anselmo, quien en honor a su
esposa, hace una donación para construir la Sala de Maternidad en el incipiente
Hospital.
Es probable, que un estado de
ánimo melancólico lo sumiera en la
nostalgia por su infancia, su familia de origen, su aldea natal.
Es una
suposición de cómo surge la idea de viajar a visitar su amado Saint Niklas en
Suiza.
Lo que
sabemos es que se embarca en una travesía por mar, esta vez en condiciones económicas
muy distintas al viaje que hiciera de niño. Dejando sus negocios en manos de sus hijos, decide emprender el viaje en compañía de Sara.
Para tener una idea aproximada de cómo eran esos
barcos, he aquí una descripción del escritor Ovidio Lagos sobre el “Principessa
Mafalda” que naufragó en 1927:
..."Además de
doscientos noventa tripulantes, el salón comedor de la clase de lujo tenía una
notable cúpula de cristal, sostenida por cuatro columnas, y ventanas que se
asomaban al mar. Eran tan grandes como las de una residencia, lo cual
constituyó la primera modificación revolucionaria, ya que las embarcaciones
solían tener ventanas pequeñas.
Imaginemos, entonces, al gran salón comedor, iluminado por centenares de luces, y a las mujeres ingresando de noche con los inevitables tocados de aigrettes o de aves del paraíso y los hombres de riguroso frac. Una orquesta probablemente interpretaba un vals o una galopa. Esa estética en apariencia tan espontánea exigía no solo un guardarropa, sino un ejército de silenciosos sirvientes. El menú no quedaba librado a ningún chef de a bordo, sino que era supervisado por el hotel Excelsior, de Roma y de Nápoles, y por el hotel National, de Lucerna, Suiza.
La sala de música parecía salida del Petit Trianon: enormes espejos, cúpula de cristal, mesas y sillas Luis XVI y un ventanal donde no hubiera sido difícil imaginar a María Antonieta contemplando su bucólico jardín. …
…Los camarotes de la clase de lujo no le iban a la zaga: eran de enormes dimensiones, con las clásicas camas de bronce. Tenían, además, teléfono. Con solo levantar el auricular, se podía pedir toda clase de exquisiteces, o la presencia de una coiffeuse o de una manicura, hablar con personas amigas room to room y enterarse, por ejemplo, de los chismes de a bordo, o, también, criticar el vestuario ajeno…"
Imaginemos, entonces, al gran salón comedor, iluminado por centenares de luces, y a las mujeres ingresando de noche con los inevitables tocados de aigrettes o de aves del paraíso y los hombres de riguroso frac. Una orquesta probablemente interpretaba un vals o una galopa. Esa estética en apariencia tan espontánea exigía no solo un guardarropa, sino un ejército de silenciosos sirvientes. El menú no quedaba librado a ningún chef de a bordo, sino que era supervisado por el hotel Excelsior, de Roma y de Nápoles, y por el hotel National, de Lucerna, Suiza.
La sala de música parecía salida del Petit Trianon: enormes espejos, cúpula de cristal, mesas y sillas Luis XVI y un ventanal donde no hubiera sido difícil imaginar a María Antonieta contemplando su bucólico jardín. …
…Los camarotes de la clase de lujo no le iban a la zaga: eran de enormes dimensiones, con las clásicas camas de bronce. Tenían, además, teléfono. Con solo levantar el auricular, se podía pedir toda clase de exquisiteces, o la presencia de una coiffeuse o de una manicura, hablar con personas amigas room to room y enterarse, por ejemplo, de los chismes de a bordo, o, también, criticar el vestuario ajeno…"
Las ilustraciones son del folleto original del barco Augustus.
Es posible imaginar las ilusiones de la joven Sara, que cumpliría 22 años en
Europa, el 11 de junio, al acompañar a su padre en este viaje ideal. Después de
varias semanas de disfrutar las distintas experiencias del viaje por mar, se
habrá maravillado con los lugares que visitaron en el Viejo Mundo.
Hasta que llegaron a París.
En 1929, las comunicaciones eran otras, se hacía
principalmente mediante cartas, y por telegrama algún mensaje escueto cuando
era algo urgente.
Llega a manos de Rogelio Sarbach, la siguiente carta
….
Paris, 16 de Junio de 1929
Señor
Rogelio Sarbach
Venado Tuerto
Estimado Señor:
Esta mañana he venido al Hotel Central para ver a su
señorita hermana, llamada por una de mis amigas que es la enfermera que ha
asistido a su Señor papá, Q.E.P.D.
Encuentro a su hermanita admirable, de valor, en
medio de su gran dolor, ella conserva su sangre fría, y todo lo ha dispuesto
perfectamente bien.
Sarita ha recibido dos telegramas, uno suyo, donde
le comunica la llegada de su hermanito Armando; el otro telegrama es de su
novio. De su hermano Armando, nada ha recibido aún, pero presume que él ha
telegrafiado a Uds. y lo espera impaciente.
Como ella me encarga que le diga, que seguramente Udes. estarán de
acuerdo con todo lo que ella ha decidido.
Primeramente, llevar el cuerpo de su pobre papá a
ésa, para darle sepultura junto a su inolvidable mamá; hacer guardar aquí el
cuerpo que hasta embalsamar, en la empresa fúnebre, hasta poder ponerse en
viaje.
Aquí en el Hotel ha encontrado un empleado, el
Secretario General, que habla español y ha vivido en Argentina, dicho Señor,
ayuda en todo a su hermanita, y todo lo hace con mucho corazón tomando gran
parte en esta gran desgracia.
La enfermera también es una señora muy recomendable,
de gran garantía, y luego que hayan concluido con los trámites del entierro;
Sarita irá a vivir con ella hasta que llegue su hermanito, a casa de
Mme. Delalugy, la que ha cuidado a su papá con todo interés y esmero.
La enfermedad de su Señor papá, empezó con un
resfrío abordo al tomar el tren, en Chesbourg, estaba muy caído y no quiso
comer, durante el viaje del tren. Llegaron a Paris el Sábado 8, su papá muy
abatido y se quejaba de estar muy cansado, su hermanita le tomó la temperatura,
y con sorpresa vio que tenía mucha fiebre, inmediatamente llamó un médico que no
encontró que tenía congestión pulmonar; su hermanita insistía cada día en
preguntar si era grave, pero los tres médicos que vinieron a verlo siempre a
pedido de Sarita, no encontraron que fuera mortal, ni desesperado el caso,
hasta el último momento acariciaron la esperanza de salvarlo y que
hicieron todo lo que humanamente fue posible. Su papá no sufrió ni se dio
cuenta que se moría.
Ayer Sábado a las 7 ½ de la noche, sin agonía ni sufrimiento, dejó
de existir; Sarita estaba muy acompañada, el Señor secretario, la enfermera
estaban a su lado. Les ruego hagan, continúen en mandar la
correspondencia, al Hotel Central, de aquí se encargaran de que lleguen a manos
de Sarita. Sarita les ruega que esta carta, sea para todos, incluso su novio,
ella no tiene ni ánimo de escribirles por el momento, lo hará un poco más
tarde.
Los saludo y acompaña
Mme. Costa de Mastreuil
Sara era
muy joven, se encontraba sola en un país donde no podía comunicarse, y tratando de hacerse
entender o de comprender ella a médicos y enfermeras. Con la angustia de ver a su
padre enfermo, que de a poco empeora y muere. Encuentra personas que la
acompañan y ayudan a sobrellevar ese trance doloroso. Debe tomar decisiones y
lo hace, aunque para escribir a su familia, no le queden fuerzas.
Carta original en el papel con el monograma SAS Sara
Amelia Sarbach y postal del Hotel Central aportados por Eduardo Eguren.
A su
regreso, tiempo después, Sara contrae matrimonio con su novio Fortunato
Garigiola, quien ejercía la profesión de odontólogo.
La pareja tiene dos hijos, Enrique y Sara. La
familia reside durante varios años en Venado Tuerto y luego se trasladan a
Buenos Aires.
Revista El Mejor Amigo, ejemplar de 1933, donde aparece el aviso de Fortunato Garigiola, en el listado de profesionales.






